¡Qué divertidos!

neneLos criterios lúdicos son aquéllos que nos permiten valorar la calidad del juguete en función de su capacidad de divertir y entretener al niño y a la niña.

No hay fórmulas precisas que determinen si el juguete es divertido. Cada niño y cada niña tiene sus propios gustos. Lo que divierte a uno no tiene por qué seducir a otro, pero sí que podemos ofrecer algunas orientaciones a tener en cuenta.

Intereses de juego según la edad

Podemos identificar diferentes tipologías de juegos, que tienen su mayor esplendor coincidiendo con un momento determinado del desarrollo.

  • Desde el nacimiento predominan los juegos de exploración y experimentación de las posibilidades del propio cuerpo y el entorno.
  • Sobre los dos años aparecen los juegos de “hacer como si…”, en los que se imita el mundo de los adultos y de los personajes fantásticos.
  • Alrededor de los cinco años aparece el interés por los juegos que someten a los jugadores a unas reglas precisas que determinan quién gana y quién pierde.

La aparición de estos tipos de juego no implica que uno sea sustituido por el siguiente, sino que, en cada etapa, el nuevo juego que aparece enriquece y diversifica las posibilidades de diversión, predominando sobre las demás formas de juego. Cabe destacar una cuarta categoría, la formada por los juegos de construcción y montaje, que se desarrolla y evoluciona en paralelo respecto a las otras.

Interés según la sensación que propone

Por otra parte, podemos identificar algunos elementos en los juegos y juguetes que provocan sensaciones capaces de hacer disfrutar intensamente a los niños, dependiendo de las preferencias y del carácter de cada cual.

  • Uno de estos elementos es el reto, ya sea entendido como competición con otros jugadores o simplemente como la sensación de poder enfrentarse a un desafío para superarlo. Formarían parte de estos juegos aquellas propuestas en las que nos encontramos en condiciones de relativa igualdad con nuestros oponentes y cada cual busca, con esfuerzo y concentración, la forma de demostrar su habilidad o saber, para conseguir el objetivo propuesto. Los juegos deportivos y los juegos de mesa de tipo ajedrez, naipes, etc. son buenos ejemplos. Respecto a los retos individuales, en esta categoría se incluyen todos los juegos que nos obligan a desplegar nuestras habilidades para resolverlos: puzzles, juegos de enigmas, de crucigramas, construcciones que exigen precisión y equilibrio, etc.
  • El factor suerte es otro de los elementos que puede cargar a un juego de diversión y atractivo. En este tipo de juegos, ganar o perder no depende de la habilidad o del buen hacer del jugador sino de la decisión de un dado, una ruleta o una carta de la suerte. Estos juegos suelen estar combinados con otros retos que sí que nos piden el despliegue de alguna habilidad, pero la decisión final está por encima del esfuerzo de cada jugador. Juegos como la Oca, el Parchís, etc. tienen su atractivo en la suerte que nos brinda el dado.
  • Otro elemento atractivo a los ojos de los niños es la imitación, la posibilidad de recrear un mundo de fantasía o un mundo cotidiano que funciona con sus propias reglas y normas. Ejemplos de esta categoría son los juguetes que favorecen la imitación, como muñecas, coches, disfraces o cocinas; los juegos de mesa que proponen escenarios ficticios en los que simular o recrear aventuras sintiéndose un héroe de ficción, un magnate de las finanzas o un detective; los juguetes que permiten construir escenarios en los que representar situaciones y aventuras, como figuras en miniatura, juegos de construcción o animales de plástico o resina, cuanto más reales, mejor.
  • Por último, cabe citar todos aquellos juegos y juguetes que son capaces de provocar una sensación de vértigo controlado o de sorpresa que roza el susto para, acto seguido, dar paso a risas y alegría, como es el caso de los toboganes, las bicicletas y triciclos, los balancines, las cajas de sorpresa…

En definitiva, cada edad disfruta del juego de una forma diferente. La sorpresa, la suerte, el reto y la simulación son características que favorecen esa diversión en distintos momentos de la vida de los niños.

Es fundamental que todos estos objetos dejen un importante margen de acción, con un espacio para el descubrimiento y la experimentación del mundo infantil. Si son excesivamente sofisticados y lo hacen todo por sí solos, no favorecen la acción, limitando al niño a la observación e impidiéndole una participación activa y creativa.